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NO BABEL

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  El libro de los Hechos de los Apóstoles nos recuerda cómo fue aquella efusión del Espíritu Santo en la ciudad de Jerusalén sobre los primeros discípulos de Jesús, efusión que imprimió a la comunidad cristiana, a la Iglesia, un impulso evangelizador que no se ha apagado y sigue encendido hasta nuestros días. Una de las peculiaridades de aquel primer Pentecostés fue que después de recibir el Espíritu Santo, que se manifestó como viento y como fuego, los Apóstoles salieron a anunciar con coraje la Buena Noticia a la gente reunida en Jerusalén para la ocasión, muchedumbre formada por personas que provenían de diversos lugar y que hablaban cada uno su propia lengua. Sin embargo, al escuchar a los Apóstoles “ con gran admiración y estupor decían:  «¿Acaso estos hombres que hablan no son todos galileos? ¿Cómo es que cada uno de nosotros los oye en su propia lengua? Todos los oímos proclamar en nuestras lenguas las maravillas de Dios» ”. En el Antiguo Testamento (Génesis 11, 1-9) en...

PADRE DE LOS POBRES

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“ Lex orandi, lex credendi ”, decían los antiguos: “la ley de lo que se reza es la ley de que se cree”. O bien, dicho en cristiano: en su modo de rezar la Iglesia expresa lo que cree. Por eso, en esta celebración de Pentecostés quería compartir con ustedes esta oración que llamamos “secuencia de Pentecostés”, oración que rezaremos juntos en las Misas de este fin de semana, y que es expresión de lo que la Iglesia cree acerca del Espíritu Santo: Ven, Dios Espíritu Santo, / y envíanos desde el cielo / tu luz para iluminarnos. Ven ya, Padre de los pobres, / luz que penetra en las almas / dador de todos los dones. Fuente de todo consuelo, / amable huésped del alma / paz en las horas de duelo. Eres pausa en el trabajo, / brisa en un clima de fuego, / consuelo en medio del llanto. Ven luz santificadora / y entra hasta el fondo del alma / de todos los que te adoran. Sin tu inspiración divina / los hombres nada podemos, / y el pecado nos domina. Lava nuestras inmundicias, / fecunda nuestros des...