NO BABEL
El libro de los Hechos de los Apóstoles nos recuerda cómo fue aquella efusión del Espíritu Santo en la ciudad de Jerusalén sobre los primeros discípulos de Jesús, efusión que imprimió a la comunidad cristiana, a la Iglesia, un impulso evangelizador que no se ha apagado y sigue encendido hasta nuestros días. Una de las peculiaridades de aquel primer Pentecostés fue que después de recibir el Espíritu Santo, que se manifestó como viento y como fuego, los Apóstoles salieron a anunciar con coraje la Buena Noticia a la gente reunida en Jerusalén para la ocasión, muchedumbre formada por personas que provenían de diversos lugar y que hablaban cada uno su propia lengua. Sin embargo, al escuchar a los Apóstoles “ con gran admiración y estupor decían: «¿Acaso estos hombres que hablan no son todos galileos? ¿Cómo es que cada uno de nosotros los oye en su propia lengua? Todos los oímos proclamar en nuestras lenguas las maravillas de Dios» ”. En el Antiguo Testamento (Génesis 11, 1-9) en...