EL ACEITE
Este Domingo recordamos la parábola en la que nuestro Maestro nos habla de diez chicas que debían esperar con lámparas encendidas a un novio cuando este llegara al salón de fiestas. Conocemos el final de la historia: el novio se demoró y cuando finalmente se hizo presente cinco jóvenes previsoras que llevaron aceite de más entraron a la fiesta con sus lámparas encendidas, pero las otras cinco no hicieron a tiempo para conseguir más aceite y se quedaron afuera. El aceite era el combustible necesario para que estas lámparas iluminaran. Muchas veces Jesús nos enseña que estamos llamados a ser “luz del mundo”. Hoy se nos recuerda que necesitamos “combustible” para que esa luz arda en nosotros, no sea cosa que nos quedemos sin nafta antes de llegar a destino. ¿Cuál será ese “combustible” que mantiene encendida la luz de la fe? ¿De dónde vamos a encontrar ese combustible? Sin lugar a dudas, en la oración. Tal vez lo podamos encontrar también en otros lugares. Pero me animo a decir que si no ...