Jóvenes

Llueve, y mucho. Las actividades de la parroquia se suspenden. Igual algunas personas pasan. La Misa de la tarde se celebra, por supuesto. El cuerpo pide encerrarse en la casa parroquial, comer algo, tirarse en el sillón y mirar alguna película o serie. Pero alguien viene a molestar. ¿Quienes vienen a molestar? ¡Los jóvenes! De la Acción Católica. ¿Qué quieren? Quieren rezar. Tocaba la adoración Eucarística mensual y no quisieron suspenderla. Y así fue como en un anochecer lluvioso de un día tormentoso un puñado de chicos se juntó para adorar al Señor. Muy esperanzador momento.
Al día siguiente, sigue lloviendo. Una de esas lluvias que invitan a una linda siestita. Pero puede haber sorpresas. Cuando uno piensa que no hay nadie en la parroquia, entrás al salón parroquial y encontrás otro grupo de chicos y chicas jugando al metegol, al ping pong en una mesa improvisada, a las cartas... todo en un clima de serena alegría en un día muy gris. 
Llegó la hora de la Misa. "Somos pocos", me dice una de las chicas. Y era verdad, muchos no éramos. Pero hay ahí estaba la banda de la Pastoral Juvenil. Debe haber sido una de las pocas Misas de mi vida en la cual había más jóvenes que adultos.
Tal vez deberíamos salir del lamento: que no hay jóvenes en la Iglesia, que los jóvenes no participan, etc etc etc...
¿A quién no le gustaría que haya muchos más? Pero a los que están, ¿no los vemos?
Nos rompemos la cabeza pensando qué hacer para que los jóvenes vengan a la Iglesia. Tal vez no sea tan complicado. ¿Qué necesitan los jóvenes? Que se les dé espacio, que algún adulto los acompañe y guíe, pero sobretodo sentirse queridos.
En cada parroquia del mundo pasan cosas, y la mayoría no se conocen, pero está bueno que se sepan.
Pienso que Jesús habrá sonreído, por estos chicos y por los adultos que los acompañan.

Comentarios

Entradas populares de este blog

¿Usted es sacerdote?

MESA Y CRUZ