¿Qué significa creer?

 


Muchas veces, en nuestra vida de cada día, usamos expresiones como “
no me vas a creer”, “te creo” o “no te puedo creer”. Pero, ¿qué significa este “creer”? Puede ayudarnos hacernos esta pregunta antes de hablar acerca de la fe propiamente “sobrenatural” o “espiritual”, porque tener fe es “creer en Dios” o “creer en Jesucristo”.

Por ejemplo, si un amigo vuelve de un viaje a un país lejano y nos empieza a contar cosas extraordinarias sobre la cultura o el paisaje o la gente de ese lugar, ¿le creemos o no? ¿De qué depende el hecho de que aceptemos lo que nos dice?

Y así ya hemos dicho algo acerca de lo que significa creer: aceptar como verdadero lo que otro nos dice.

Hay muchas cosas que nosotros no entendemos o no las vemos: no tenemos un conocimiento directo de ellas. Una de las primeras condiciones para creer en alguien es aceptar que yo no lo sé todo.

Los antiguos decían que el inicio de la sabiduría es reconocer que uno no sabe: “sólo sé que no se nada”. Una persona realmente inteligente de lo primero de lo que se da cuenta es que no lo puede abarcar todo. Alguien realmente honesto mientras más sabe, lee, o experimenta, mejor entiende cuan poco es lo que uno sabe y cuánto queda por aprender.

La misma experiencia nos va enseñando que los que piensan que se las saben todas, tarde o temprano, terminan golpeándose contra la realidad. Si nos ponemos sinceramente y con humildad delante de la realidad que nos rodea, ¿no nos damos cuenta de que la vida está llena de “misterios” que no podemos mas que describir?

Incluso en esta época de sobredosis de información, ¿qué ser humano puede decir que conoce todo? Y si juntáramos todo lo que los hombres saben, ¿sería suficiente para explicar este mundo en el que vivimos? ¿No sigue siendo muy sabio el proverbio que dice que “el que mucho abarca poco aprieta”?

Parece razonable, entonces, empezar aceptando que hay muchas cosas que no sabemos. A esto hay que sumarle que hay muchas cosas que no podemos llegar a alcanzar por nosotros mismos.

Si hablamos de las cosas del pasado: ¿quién de nosotros vio o escuchó a los próceres que hicieron la historia? No los vimos, pero ¿alguien duda de que hayan existido? ¿Por qué estamos tan seguros? Otro ejemplo. ¿Cómo hago para saber lo que una persona realmente siente o piensa? Por más perspicaz que uno sea, ¿puede entrar adentro del otro? ¿No depende de que el otro me revele lo que le pasa por adentro?

Muchas de las cosas de las cuales nos sentimos muy seguros las hemos aceptado de otras personas que nos las han contado. Precisamente, si yo no puedo saberlo todo necesito que alguien me cuente lo que yo no veo.

¿Cuántas cosas de nuestra vida cotidiana llegamos a entender acabadamente? ¿Cuántas en cambio las “creemos”? El alumno que aprende de su maestro: ¿entiende todo desde el principio, o empieza “creyéndole” al maestro hasta que él mismo pueda entender lo que le han enseñado?

Queremos hacer notar que hay cosas que las conocemos por nosotros mismos y otras que las conocemos a través de otros. Esto es parte de nuestra vida normal y además es sumamente razonable. Pensemos que sería de nuestras vidas si uno quisiera moverse solamente según lo que uno sabe por sí mismo o por lo que uno llega a entender perfectamente. No podríamos encender ni una lamparita…

Por otro lado, tampoco le podemos creer todo a todos. ¿De qué depende qué aceptemos cómo cierto lo que otro nos dice? En primer lugar depende de quién lo dice.

A la persona que nos cuenta algo que vio la solemos llamar “testigo”. ¿Qué hace falta para que un testigo nos resulte fidedigno – “digno de fe”?

Lo menos que le pedimos es que no nos mienta. Si hemos tenido la experiencia de que alguien nos haya mentido varias veces, ¿no lo pensamos dos veces antes de aceptar lo que dice? ¿No pierden credibilidad las personas de las cuáles sabemos que tienden a exagerar en lo que nos relatan?

¿Alcanza con que el testigo sea una buena persona para que yo pueda estar completamente seguro acerca de lo que me dice? Si tengo dolor abdominal, ¿a quién voy a consultar, al médico o al arquitecto? ¿Por qué? Si consulto al médico, ¿es por qué pienso que el arquitecto es una mala persona? Obviamente, la respuesta es no. Cuando queremos estar seguros de algo, queremos confiar en alguien que hable no “de oídas” sino con conocimiento de causa.

Resumiendo. Dos cualidades le pedimos a nuestros testigos: la buena intención y el conocimiento directo de aquello que nos transmiten. ¿A quién le creemos más: al que nos cuenta cómo es un lugar que solo vio por fotos o al que estuvo efectivamente en ese lugar?

Lo que hemos dicho hasta ahora, ¿es suficiente para creer lo que nos dicen, o todavía necesitamos algo más?

Hemos dicho que hay que empezar aceptando que no lo sabemos todo. Dijimos también que necesitamos analizar las cualidades del testigo que nos relata algo. Todavía falta algo. ¿Qué cosa? Analizar lo que nos dice, es decir, el contenido del mensaje que nos transmite.

Hay cosas que ya las sabemos, hay cosas que son evidentes, y a veces nos puede servir comparar lo que ya sabemos con lo que nos dicen. Si nos dicen algo que contradice lo que ya conocemos, entonces hay que pensar bien con qué fundamento aceptamos lo que nos dicen. Puede ser que uno esté equivocado, pero también puede ser que el mensaje sea falso.

A un hombre de campo al cual le dicen que en un país X las vacas vuelan le puede resultar bastante difícil creer. O si algún “científico” nos pretende enseñar que en una galaxia lejana los círculos son cuadrados, ¿no nos resultaría extraño?

Un primer paso es analizar el contenido del mensaje que nos transmiten a la luz de lo que nosotros ya sabemos con seguridad porque se trata de cosas evidentes. Hay cosas que me superan, pero no puedo aceptar afirmaciones contradictorias. Si encuentro contradicciones entre lo que ya sé y lo que me dicen, habrá que ver primero si uno entendió bien lo que le están diciendo, o dudar de la validez del mensaje, o revisar lo que yo hasta ahora consideraba como cierto.

Por el mismo motivo – porque no puedo aceptar cosas contradictorias – es necesario también mirar adentro de lo que me dicen y considerar todo lo que me están diciendo para ver si es coherente.

Supongamos que un individuo hace un discurso con la noble intención de promover la defensa de los derechos humanos, pero al mismo tiempo esa persona en determinadas circunstancias niega algunos derechos humanos básicos e inviolables a ciertas personas. ¿Es ese un discurso coherente? ¿Puedo creerle a esa persona?

Con todo esto que hemos dicho hasta ahora hemos intentado mostrar como el “creer” es una forma de conocimiento válida y racional que usamos todos los días, muchas veces sin darnos cuenta. ¡Y cuantas cosas “nos creemos” que tal vez no deberíamos creer! Y que por el hecho de ser “racional” esta forma de conocimiento tiene sus “reglas” que giran en torno a tres pilares: la consideración de lo que uno puede saber por sí mismo; las cualidades del testigo y el contenido del mensaje.

Este “creer” no se identifica con la fe religiosa o sobrenatural, pero es su base. La fe sobrenatural se asienta sobre esta forma humana de conocimiento. Como dijo algún sabio: “La gracia de Dios no destruye la naturaleza humana: la presupone y la perfecciona”.

Padre Marco

Comentarios

  1. Si mal recuerdo, en el catesismo de la iglesia catolica dice, terminando el padre nuestro, Amén! Y amén significa Creer.

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Entradas populares de este blog

Jóvenes

¿Usted es sacerdote?

MESA Y CRUZ