NO ROBARÁS
Mientras mas complicadas están las cosas más necesitamos volver a pensar las cosas esenciales. ¿Alguien puede dudar que nuestro país atraviesa un momento muy complicado? Una de estas “cosas esenciales” sobre las cuales nos será de mucho provecho volver es la llamada “doctrina social de la Iglesia”. Digo “volver”, en el caso de que alguna vez la hayamos conocido, aunque lamentablemente tal vez sería mejor decir “presentar” porque es muy probable que una gran proporción de católicos no conozcan esta parte de la enseñanza de la Iglesia.
Sobre todo es deber urgente del laicado católico volver a levantar la bandera de la Doctrina Social de la Iglesia en toda su amplitud.
Intentaremos ir presentando algunos aspectos de la “doctrina social” que otra cosa no es sino iluminar con la luz del Evangelio las realidades “sociales” por la parte de la Iglesia que busca ser fiel a su misión de anunciar la Buena Noticia “a toda la creación” (Mc 16,15).
Si queremos ser un poco más específicos podemos decir que la Doctrina Social de la Iglesia es parte de la teología moral de la Iglesia que como tal mira el comportamiento humano desde la perspectiva de la bondad, o maldad, de los actos humanos.
Digamos también que la Doctrina Social de la Iglesia no propone “recetas” o soluciones técnicas a los problemas sociales. La doctrina de la Iglesia ofrece principios, criterios, orientaciones sobre las distintas realidades de una sociedad que luego han de ser aplicados en las situaciones concretas por quien corresponda. Decimos esta para aclarar que con su doctrina social la Iglesia no pretende sustituir a otras instancias como, por ejemplo, el Estado. Digamos también que sin lugar a dudas la primera que debe aplicar esta doctrina es la misma Iglesia, empezando desde puertas adentro.
No se trata de nada nuevo. Esta doctrina es tan “antigua” como el Evangelio mismo, desde el momento que Nuestro Señor dijo: “den al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios” (Lc 20,25). Sin embargo, históricamente existe un punto de inflexión en la sistematización de esta “doctrina social” con la publicación, en 1891, de la Encíclia “Rerum novarum” del Papa León XIII ante la aparición de “cosas nuevas” (“rerum novarum”) en la sociedad como consecuencia de la revolución industrial. Esta Encíclica paradigmática se presenta como la respuesta de la Iglesia ante la “cuestión obrera” (es decir, las injusticias sufridas por los obreros en tiempos de “revolución industrial”) contra el falso remedio del socialismo.
La Doctrina Social de la Iglesia puede estudiarse de diversas maneras. Puede estudiarse en su desarrollo histórico, es decir leyendo las distintas encíclicas sociales desde León XIII hasta Francisco; o bien puede estudiarse como un cuerpo de doctrina sistemático, siempre teniendo en cuenta que este cuerpo se va enriqueciendo constantemente con el Magisterio de la Iglesia que no deja de intentar iluminar las “cosas nuevas” de cada época. Ambos caminos son complementarios. El primero sea tal vez el más “científico” hurgando de manera directa las fuentes de esta doctrina. Pero es también el más largo. Tal vez el segundo sea el más apropiado para una introducción a la Doctrina social de la Iglesia que nos permita ir incorporando algunos conceptos fundamentales.
Para quien quiera conocer la Doctrina Social de la Iglesia como un todo sistemático hay al menos dos referencias fundamentales: el Catecismo de la Iglesia Católica y el Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia. (Pueden servir también como referencia las adaptaciones juveniles de ambos, realizadas en el contexto de las Jornadas mundiales de la juventud: el YouCat y el DoCat).
En el Catecismo de la Iglesia Católica encontramos algunos temas fundamentales de la Doctrina Social de la Iglesia cuando este trata el séptimo mandamiento. ¿Cuál es el séptimo mandamiento? ¡No robarás! (de ahí el título de este post). No deja de ser sugestivo que el tratamiento de la Doctrina Social se encuadre dentro de este mandamiento, por lo pronto, uno de los principios fundamentales de toda doctrina social.
A modo de ejemplo, transcribo la respuesta a la pregunta n. 503 del Compendio del Catecismo (“¿Qué declara el séptimo mandamiento?”):
El séptimo mandamiento (“No robarás”) declara el destino y distribución universal de los bienes; el derecho a la propiedad privada; el respeto a las personas, a sus bienes y a la integridad de la creación. La Iglesia encuentra también en este mandamiento el fundamento de su doctrina social, que comprende la recta gestión en la actividad económica y en la vida social y política; el derecho y el deber del trabajo humano; la justicia y la solidaridad entre las naciones y el amor a los pobres.
A partir de esta afirmaciones podemos deducir algunas conclusiones.
No hay sociedad que resista si no se respetan los mandamientos de Dios. Esta es una de las grandes lecciones del Antiguo Testamento: “El espíritu de Dios revistió a Zacarías, hijo del sacerdote Iehoiadá, y este se presentó delante del pueblo y les dijo: «Así habla Dios: ¿Por qué quebrantan los mandamientos del Señor? Así no conseguirán nada. ¡Por haber abandonado al Señor, él los abandonará a ustedes!»” (2 Crónicas 24,20).
Con mayor razón todo plan económico, social o político que no empiece por respetar y hacer respetar el séptimo mandamiento (y los demás también, obviamente) es un “plan vano”: “¿Por qué se amotinan las naciones y los pueblos hacen vanos proyectos? Los reyes de la tierra se sublevan, y los príncipes conspiran contra el Señor y contra su Ungido...” (Salmo 2).
Pidamos a Dios que ilumine a nuestra Patria, muy especialmente a nuestros laicos católicos, quienes tienen el grave deber de conocer, transmitir y vivir (aunque duela) la Doctrina Social de la Iglesia.
Padre Marco
18/2/2022
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