Estamos en tiempo de Cuaresma y la Cuaresma es un tiempo de gracia para reconciliarnos con Dios. Nuestro encuentro con el perdón y la misericordia de nuestro Padre Celestial se hace concreto en el sacramento de la Confesión, también llamado de la Reconciliación. Sin embargo, con respecto a este sacramento tan importante puede haber algo de confusión que no nos permita vivirlo plenamente. Por ejemplo, es clásica la objeción que dice: “¿por qué tengo que confesarme con un hombre que puede ser tanto o más pecador que yo?”. Antes que nada, recordemos que “confesar” no significa solamente “decir” los pecados, sino y sobretodo “hacerse cargo” de haber ofendido a Dios y al prójimo. Una respuesta breve a esta objeción la encontramos en las palabras de Jesús Resucitado dirigidas a los Apóstoles (y a sus sucesores y colaboradores): “Los pecados serán perdonados a los que ustedes se los perdonen, y serán retenidos a los que ustedes se los retengan” (Juan 20,23). Otros llaman “confesión” a cualqui...
Llueve, y mucho. Las actividades de la parroquia se suspenden. Igual algunas personas pasan. La Misa de la tarde se celebra, por supuesto. El cuerpo pide encerrarse en la casa parroquial, comer algo, tirarse en el sillón y mirar alguna película o serie. Pero alguien viene a molestar. ¿Quienes vienen a molestar? ¡Los jóvenes! De la Acción Católica. ¿Qué quieren? Quieren rezar. Tocaba la adoración Eucarística mensual y no quisieron suspenderla. Y así fue como en un anochecer lluvioso de un día tormentoso un puñado de chicos se juntó para adorar al Señor. Muy esperanzador momento. Al día siguiente, sigue lloviendo. Una de esas lluvias que invitan a una linda siestita. Pero puede haber sorpresas. Cuando uno piensa que no hay nadie en la parroquia, entrás al salón parroquial y encontrás otro grupo de chicos y chicas jugando al metegol, al ping pong en una mesa improvisada, a las cartas... todo en un clima de serena alegría en un día muy gris. Llegó la hora de la Misa. "Som...
La mesa de la Misa no es una mesa cualquiera. De hecho tiene nombre propio: se llama “altar”. Si le preguntamos a la famosa “Real Academia Española”, “altar es una mesa rectangular consagrada donde el sacerdote celebra el sacrificio de la misa”, o también “en algunas religiones, piedra, construcción elevada o montículo donde se celebran ritos religiosos como sacrificios, ofrendas, etc”. En su carta Desidero desideravi el Papa Francisco nos recuerda que el pan que recibimos del altar no es un pan cualquiera: “ el contenido del Pan partido es la cruz de Jesús, su sacrificio en obediencia amorosa al Padre ” (n. 7). La Última Cena anticipa la entrega amorosa de Jesús en la Cruz y solo en la Cruz encuentra su significado pleno. Así nos lo enseña también el Papa: “ los Apóstoles habrían podido ver en la cruz de Jesús, si hubieran soportado su peso, lo que significaba ‘cuerpo entregado’, ‘sangre derramada’: y es de lo que hacemos memoria en cada Eucaristía ” (n. 7). Esto nos lleva a una preg...
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