Estamos en tiempo de Cuaresma y la Cuaresma es un tiempo de gracia para reconciliarnos con Dios. Nuestro encuentro con el perdón y la misericordia de nuestro Padre Celestial se hace concreto en el sacramento de la Confesión, también llamado de la Reconciliación. Sin embargo, con respecto a este sacramento tan importante puede haber algo de confusión que no nos permita vivirlo plenamente. Por ejemplo, es clásica la objeción que dice: “¿por qué tengo que confesarme con un hombre que puede ser tanto o más pecador que yo?”. Antes que nada, recordemos que “confesar” no significa solamente “decir” los pecados, sino y sobretodo “hacerse cargo” de haber ofendido a Dios y al prójimo. Una respuesta breve a esta objeción la encontramos en las palabras de Jesús Resucitado dirigidas a los Apóstoles (y a sus sucesores y colaboradores): “Los pecados serán perdonados a los que ustedes se los perdonen, y serán retenidos a los que ustedes se los retengan” (Juan 20,23). Otros llaman “confesión” a cualqui...
La mesa de la Misa no es una mesa cualquiera. De hecho tiene nombre propio: se llama “altar”. Si le preguntamos a la famosa “Real Academia Española”, “altar es una mesa rectangular consagrada donde el sacerdote celebra el sacrificio de la misa”, o también “en algunas religiones, piedra, construcción elevada o montículo donde se celebran ritos religiosos como sacrificios, ofrendas, etc”. En su carta Desidero desideravi el Papa Francisco nos recuerda que el pan que recibimos del altar no es un pan cualquiera: “ el contenido del Pan partido es la cruz de Jesús, su sacrificio en obediencia amorosa al Padre ” (n. 7). La Última Cena anticipa la entrega amorosa de Jesús en la Cruz y solo en la Cruz encuentra su significado pleno. Así nos lo enseña también el Papa: “ los Apóstoles habrían podido ver en la cruz de Jesús, si hubieran soportado su peso, lo que significaba ‘cuerpo entregado’, ‘sangre derramada’: y es de lo que hacemos memoria en cada Eucaristía ” (n. 7). Esto nos lleva a una preg...
Retomemos nuestras reflexiones sobre cómo celebramos nuestra fe, a la luz de la carta del Papa Francisco que venimos comentando. Pero antes de avanzar tengo que hacer una aclaración. El nombre de la carta no es “ Desidero desideravi ” como yo venía citando sino “ Desiderio desideravi ”. ¡Una pequeña “i” puede hacer una gran diferencia en los latines! Agradezco de corazón al amigo que me lo hizo notar. Ahora si, podemos continuar. Una de las propiedades que debería caracterizar nuestra Liturgia es la belleza. Dejamos para más adelante la difícil pregunta sobre cuándo algo es bello y cuándo no. Por ahora señalemos, con el Papa, cuál es el origen de esta belleza: la poderosa belleza de la Liturgia consiste en que esta nos garantiza la posibilidad de un encuentro vivo con Jesucristo (cf. Desiderio , 10). “ El poder salvífico del sacrificio de Jesús, de cada una de sus palabras, de cada uno de sus gestos, mirada, sentimiento, nos alcanza en la celebración de los Sacramentos ”, e...
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