Entradas

PADRE DE LOS POBRES

Imagen
“ Lex orandi, lex credendi ”, decían los antiguos: “la ley de lo que se reza es la ley de que se cree”. O bien, dicho en cristiano: en su modo de rezar la Iglesia expresa lo que cree. Por eso, en esta celebración de Pentecostés quería compartir con ustedes esta oración que llamamos “secuencia de Pentecostés”, oración que rezaremos juntos en las Misas de este fin de semana, y que es expresión de lo que la Iglesia cree acerca del Espíritu Santo: Ven, Dios Espíritu Santo, / y envíanos desde el cielo / tu luz para iluminarnos. Ven ya, Padre de los pobres, / luz que penetra en las almas / dador de todos los dones. Fuente de todo consuelo, / amable huésped del alma / paz en las horas de duelo. Eres pausa en el trabajo, / brisa en un clima de fuego, / consuelo en medio del llanto. Ven luz santificadora / y entra hasta el fondo del alma / de todos los que te adoran. Sin tu inspiración divina / los hombres nada podemos, / y el pecado nos domina. Lava nuestras inmundicias, / fecunda nuestros des...

¿PROPIEDAD PRIVADA?

Imagen
          Hagámonos una pregunta extraña: ¿de quién es la Misa? ¿Se puede decir que la Misa es “propiedad privada” de una comunidad o de algún sacerdote en particular? Juan Pablo II, con la claridad que lo caracterizaba, respondía: “ La liturgia nunca es propiedad privada de alguien, ni del celebrante ni de la comunidad en que se celebran los Misterios ”. No somos dueños de la Misa que celebramos. Y agregaba el Papa santo: “ El sacerdote que celebra fielmente la Misa según las normas litúrgicas y la comunidad que se adecua a ellas, demuestran de manera silenciosa pero elocuente su amor por la Iglesia ” ( Ecclesia de Eucharistia , n. 52). Entonces, ¿de quién es la Misa?  El Papa Francisco nos escribe en su carta sobre la Liturgia: “ El sujeto que actúa en la Liturgia es siempre y solo Cristo-Iglesia, el Cuerpo Místico de Cristo ” ( Desiderio , n. 15). La Misa, cada Misa, es de toda la Iglesia, del “Cristo total” en palabras de San Agustín. No puedo hace...

UN ENCUENTRO

Imagen
Retomemos nuestras reflexiones sobre cómo celebramos nuestra fe, a la luz de la carta del Papa Francisco que venimos comentando. Pero antes de avanzar tengo que hacer una aclaración. El nombre de la carta no es “ Desidero desideravi ” como yo venía citando sino “ Desiderio desideravi ”. ¡Una pequeña “i” puede hacer una gran diferencia en los latines! Agradezco de corazón al amigo que me lo hizo notar. Ahora si, podemos continuar. Una de las propiedades que debería caracterizar nuestra Liturgia es la belleza. Dejamos para más adelante la difícil pregunta sobre cuándo algo es bello y cuándo no. Por ahora señalemos, con el Papa, cuál es el origen de esta belleza: la poderosa belleza de la Liturgia consiste en que esta nos garantiza la posibilidad de un encuentro vivo con Jesucristo (cf. Desiderio , 10). “ El poder salvífico del sacrificio de Jesús, de cada una de sus palabras, de cada uno de sus gestos, mirada, sentimiento, nos alcanza en la celebración de los Sacramentos ”, e...

DESPLUMADOS

Imagen
Interrumpimos por un ratito nuestras reflexiones acerca de la Liturgia y de la Misa. Hoy quisiera compartirles una anécdota que se suele atribuir a San Felipe Neri, llamado “apóstol de Roma” y que murió en el año 1595. Vamos a recordarla como la contaba el Papa en una homilía (12/5/2016): «Una mujer fue a confesarse, y confesó que había murmurado». Pero «el santo, que era alegre, bueno y también de manga ancha, le dice: ‘Señora, como penitencia, antes de darle la absolución, vaya a su casa, agarre una gallina, desplume la gallina y después vaya por el barrio y siembre el barrio con las plumas de la gallina, y luego vuelva’». Al día siguiente, «volvió la señora: ‘Hice eso, padre, ¿me da la absolución?’». Elocuente la respuesta de san Felipe Neri: «No, falta otra cosa, señora, vaya por el barrio y recoja todas las plumas», porque «murmurar es así: ensucia al otro». En efecto, añadió el Papa, «el que murmura, ensucia, destruye la fama, destruye la vida, y muchas veces sin moti...

MESA Y CRUZ

Imagen
La mesa de la Misa no es una mesa cualquiera. De hecho tiene nombre propio: se llama “altar”. Si le preguntamos a la famosa “Real Academia Española”, “altar es una mesa rectangular consagrada donde el sacerdote celebra el sacrificio de la misa”, o también “en algunas religiones, piedra, construcción elevada o montículo donde se celebran ritos religiosos como sacrificios, ofrendas, etc”. En su carta Desidero desideravi el Papa Francisco nos recuerda que el pan que recibimos del altar no es un pan cualquiera: “ el contenido del Pan partido es la cruz de Jesús, su sacrificio en obediencia amorosa al Padre ” (n. 7). La Última Cena anticipa la entrega amorosa de Jesús en la Cruz y solo en la Cruz encuentra su significado pleno. Así nos lo enseña también el Papa: “ los Apóstoles habrían podido ver en la cruz de Jesús, si hubieran soportado su peso, lo que significaba ‘cuerpo entregado’, ‘sangre derramada’: y es de lo que hacemos memoria en cada Eucaristía ” (n. 7). Esto nos lleva a una preg...

IMAGEN DE DIOS

Imagen
Allá lejos y hace tiempo, en el mal conocido Medioevo, San Buenaventura enseñaba que Dios dejó en su Creación vestigios e imágenes suyas. Un vestigio es un rastro, una huella que nos recuerda el paso de alguien. Una imagen es mucho más: en ella vemos reflejado, con mayor o menor perfección, a quien es origen de esa imagen. Siguiendo con el razonamiento del gran maestro franciscano, podemos decir que vestigios de Dios hay muchísimos. En realidad cada creatura lo es. En cada creatura podemos encontrar pinceladas del ser divino, de su bondad y de su belleza. Pero imagen de Dios en la creación hay una sola: el ser humano, varón y mujer. Obviamente, en cada ser humano está la imagen de Dios. A esto queremos referirnos hoy, siguiendo con nuestras pequeñas catequesis sobre la Vida en Cristo: ¿En qué sentido el ser humano es imagen de Dios? ¿Adónde se encuentra esta imagen? ¿Queda dañada esta imagen por el pecado? ¿Existe alguna posibilidad de restaurarla si fuera el caso? Intentar...

¡A COMER!

Imagen
¡A comer! ¿Quién al leer estas palabras no recuerda el llamado de su madre en uno de los momentos más lindos del día? Tal vez estábamos jugando, tal vez haciendo los deberes… el perfume de la siempre sabrosa comida nos despertaba el apetito… y de golpe ese llamado que sonaba como un clarín. No tengamos miedo de admitirlo: también de grandes, quienes todavía tenemos la dicha de tenerla, nos conmovemos con la voz de nuestra madre que nos llama a la mesa. ¡A comer! Algo muy parecido pasa cuando Jesús y la Iglesia nos llaman a la Misa. Asi lo escribía el Papa Francisco en su carta Desidero desideravi : “Antes de nuestra respuesta a su invitación –mucho antes– está el deseo que Jesús tiene de nosotros: puede que ni siquiera seamos conscientes de ello, pero cada vez que vamos a Misa, el motivo principal es porque nos atrae el deseo que Él tiene de nosotros” (n. 6). En esa Cena que anticipó el sacrificio de la Cruz y se perpetua en la celebración de la Eucaristía, “cena… única, úl...