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EL MAYORDOMO

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En los palacios y mansiones solía existir, y tal vez todavía en algunos exista también hoy, un personaje muy importante: el mayordomo. Mayordomo si era varón, ama de llaves si era mujer. El mayordomo era un empleado con una responsabilidad muy grande: tenía las llaves de la casa, y también supervisaba a los demás empleados. No era el dueño, era un servidor entre los servidores con un rol especial. La autoridad del mayordomo estaba simbolizada en las llaves. Entregar las llaves de una casa es un gesto de mucha confianza. Entregar las llaves es casi como entregar la casa. ¿Recordamos nosotros cuando nos fueron entregadas las llaves de casa por nuestros padres? Esas llaves, ¿nos fueron quitadas alguna vez por alguna macana que nos hayamos mandado? Entregar las llaves entraña sus riesgos, ¿y si el mayordomo se vuelve okupa? En la primer lectura de este Domingo (Isaías 22, 19-23) se nos habla de una mayordomo, Sebná, que fue despedido por su rey y reemplazado por un nuevo capataz: Eliaquím,...

UN PUEBLO DE MUCHOS PUEBLOS

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  Allá lejos y hace tiempo, en el Antiguo Testamento, el Espíritu Santo habló por boca del profeta Isaías y anunció: “ mi Casa será llamada Casa de oración para todos los pueblos ” (Isaías 56,6-7). Con pocas palabras se nos dicen muchas cosas: que Dios tiene una casa; que esa casa es casa de oración; y que esa casa es para todos los pueblos. ¿A qué “casa” se estará refiriendo? ¿Al templo de Jerusalén? Tal vez sí, al menos en parte. De hecho, cuando Jesús expulsó a los vendedores del Templo recordó estas palabras de Isaías diciendo: “ ¿Acaso no está escrito: ‘Mi casa será llamada Casa de oración para todas las naciones’? Pero ustedes la han convertido en una cueva de ladrones” (Marcos 11,11-25). Pero también es cierto algo más que Dios nos dice por boca de Isaías: “ El cielo es mi trono y la tierra, el estrado de mis pies. ¿Qué casa podrán edificarme ustedes y dónde estará el lugar de mi reposo? ” (Isaías 66,1). Queda en pie la pregunta: ¿cuál es la casa de Dios? En el Evangelio Je...

UNA SUAVE BRISA

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Este Domingo la Palabra de Dios nos recuerda un episodio de la vida del profeta Elías. En tiempos del rey Ajab y de la reina Jezabel, Elías fue el único profeta que permaneció fiel al Dios de Israel. Todos los demás se vendieron a Baal, es decir, se convirtieron en falsos profetas. Esto llevó a Elías a confrontarse con esos falsos profetas en la cima del Monte Carmelo y a posteriormente huir escapando de la furia de Jezabel, la reina que promocionaba a estos impostores. En un momento de su huida, Elías se refugió en una cueva del Monte Horeb y es ahí cuando Dios le dice que se le va a manifestar. ¿Cómo se manifestó entonces Dios a Elías? Hubo un viento huracanado, hubo un terremoto, hubo fuego… pero en ninguno de ellos estaba el Señor. Dios se manifestó en el suave rumor de una brisa… Es verdad que Dios es soberanamente libre para manifestarse cómo y cuándo quiere, pero la experiencia y sobre todo la Palabra de Dios nos hacen pensar que cuando habla, a Dios le gusta hablar ...

CON MARÍA

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  “ Bajo la mirada de María, Madre de la Iglesia ” termina el Papa Francisco su carta Desiderio desideravi sobre la Liturgia. La mirada de María es la mejor “norma” para celebrar nuestra fe. Así lo escribe el Papa: Cuando la primera comunidad parte el pan en obediencia al mandato del Señor, lo hace bajo la mirada de María, que acompaña los primeros pasos de la Iglesia: ‘perseveraban unánimes en la oración, junto con algunas mujeres y María, la madre de Jesús’ (Hch 1,14). La Virgen Madre ‘supervisa’ los gestos de su Hijo encomendados a los Apóstoles. Como ha conservado en su seno al Verbo hecho carne, después de acoger las palabras del ángel Gabriel, la Virgen conserva también ahora en el seno de la Iglesia aquellos gestos que conforman el cuerpo de su Hijo ( Desiderio , 58). Si es cierto que adónde está Jesús está su Madre, y ¡sin duda lo es!, en cada Misa y en cada celebración de nuestra fe estaba presente de manera singular también la Madre de Nuestro Salvador. Ella nos enseña a...

¡ES DOMINGO!

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Querida comunidad: “ El domingo, antes de ser un precepto, es un regalo que Dios hace a su pueblo. La celebración dominical ofrece a la comunidad cristiana la posibilidad de formarse por medio de la Eucaristía. De domingo a domingo, la Palabra del Resucitado ilumina nuestra existencia. De domingo a domingo, la comunión en el Cuerpo y la Sangre de Cristo quiere hacer también de nuestra vida un sacrificio agradable al Padre, en la comunión fraterna que se transforma en compartir, acoger, servir. De domingo a domingo, la fuerza del Pan partido nos sostiene en el anuncio del Evangelio en el que se manifiesta la autenticidad de nuestra celebración ”. Con estas palabras cargadas de belleza nos recordaba el Papa Francisco la importancia del Domingo para cada cristiano y para cada comunidad cristiana ( Desiderio , 65). El papa Juan Pablo II también escribió sobre la santificación del Domingo en una hermosa carta llamada Dies Domini . Allí nos recuerda que el Domingo es, antes que n...

PRESIDENTES

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  Espero que nadie se haya asustado con el título de esta nota. ¡No vamos a hablar de política! Hoy vamos a compartir algunas palabras que el Papa dirige a aquellos que “presiden” nuestras celebraciones: los sacerdotes. Juan Pablo II recordaba “ la gran responsabilidad que en la celebración eucarística tienen principalmente los sacerdotes, a quienes compete presidirla ‘in persona Christi’, en la identificación sacramental con el único Sumo y Eterno Sacerdote Jesucristo ” ( Ecclesia de Eucharistía , 52). El rol del sacerdote es fundamental en ese “arte de celebrar” la Liturgia del que nos habla el Papa Francisco en su carta Desiderio desideravi. Para lograr esto el sacerdote debe “presidir” y “celebrar” en comunión con toda la Iglesia y recordando que él, el sacerdote, no es el protagonista de la celebración, sino Jesucristo que nos envía su Espíritu y su gracia. Es necesario que los sacerdotes busquemos un “justo medio” al celebrar la Misa evitando dos extremos principales: el apeg...

SILENCIO

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  “ Entre los gestos rituales que pertenecen a toda la asamblea, el silencio ocupa un lugar de absoluta importancia ”, escribía el Papa Francisco (Desiderio desideravi, 52). Saber respetar los momentos de silencio previstos, sobre todo en la Misa, es fundamental para dejarnos transformar por lo que celebramos.  Es una pena que a veces, entre el bochinche de nuestras celebraciones y el apuro de nosotros sacerdotes, no sepamos sacarle el jugo a esas pausas silenciosas de la Liturgia: en el acto penitencial antes de pedir perdón; después de la invitación a la oración en el primer “Oremos” que dice el sacerdote; en la Liturgia de la Palabra (antes de las lecturas, entre las lecturas y después de la homilía); en la plegaria eucarística después de la consagración o al recordar a los vivos y a los difuntos por quienes queremos orar; después de la comunión, y ¿por qué no? después de Misa… ¡Pobre de aquel o aquella que quisiera rezar un poquito en silencio después de Misa! Tal vez en l...