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EN VELA

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  Descansar. A esta altura del año, ¿quién de nosotros no quisiera descansar, aunque sea un poquito? Sin embargo, al empezar este hermoso tiempo del Adviento, la Palabra de Dios nos exhorta a exactamente lo contrario: “ permanezca en vela ” nos dice Jesús en el Evangelio. ¿Qué significa “estar en vela”? Estar en vela, con las lámparas encendidas, con las luces encendidas, significa estar despierto. No solo despierto sin dormir, más aún despierto y atento, atento y expectante. Despierto como esa madre o ese padre que espera el regreso de un hijo o una hija durante la noche.  “Estar en vela” de esta manera resume el significado de la esperanza cristiana. La esperanza del cristiano no es una simple espera pasiva, como uno que espera que llegue un tren o un colectivo. Tampoco es pensamiento ingenuo de que “va a estar todo bien”. La esperanza cristiana es sobretodo un deseo: el deseo de estar con Jesús. San Pablo, con su vehemencia característica, expresaba este deseo con las sigui...

¿MAS SOCIALISMO?

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  Mi primer destino como sacerdote fue Lituania, la patria que mis abuelos debieron abandonar para evitar ser desterrados a Siberia. Estando allí, visitando a una señora mayor que vivía en el campo, me llevé una de las grandes sorpresas de mi vida. "Con el comunismo estábamos mejor", me dijo la anciana. "¿Por qué?" le pregunté turbado."Porque el Estado te daba una vaca, una casa, un auto y estábamos bien. No es como ahora". Esta respuesta me sorprendió tremendamente porque en mi hogar de exiliados crecí escuchando que el comunismo era un gran demonio, y ahora una persona que vivió bajo el regimen comunista me decía lo contrario. Sin embargo, mi convicción acerca de este totalitarismo, y de toda clase de totalitarismo, no cambió sino que se afianzó en mi con el paso de los años. La historia es compleja. La historia no se repite. Muchos se vieron forzados a abondar su Patria. Algunos no pudieron. Otros eligieron quedarse. Algunos resistieron. Otros se acomod...

EL ACEITE

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Este Domingo recordamos la parábola en la que nuestro Maestro nos habla de diez chicas que debían esperar con lámparas encendidas a un novio cuando este llegara al salón de fiestas. Conocemos el final de la historia: el novio se demoró y cuando finalmente se hizo presente cinco jóvenes previsoras que llevaron aceite de más entraron a la fiesta con sus lámparas encendidas, pero las otras cinco no hicieron a tiempo para conseguir más aceite y se quedaron afuera. El aceite era el combustible necesario para que estas lámparas iluminaran. Muchas veces Jesús nos enseña que estamos llamados a ser “luz del mundo”. Hoy se nos recuerda que necesitamos “combustible” para que esa luz arda en nosotros, no sea cosa que nos quedemos sin nafta antes de llegar a destino. ¿Cuál será ese “combustible” que mantiene encendida la luz de la fe? ¿De dónde vamos a encontrar ese combustible? Sin lugar a dudas, en la oración. Tal vez lo podamos encontrar también en otros lugares. Pero me animo a decir que si no ...

AMARÁS

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Este Domingo Jesús nos recuerda los dos mandamientos que resumen todo el Antiguo Testamento (“la ley y los profetas”), y también el Nuevo aunque bien podemos decir que en el Nuevo Testamento Jesús los llevó a otra dimensión. Pero sobre esto último hablaremos otro día. Ambos comienzan así: “Amarás…”. Escuchando estos “mandatos” surgen muchas preguntas. ¿Se puede “mandar” amar? Pero también, ¿puede haber mandato más hermoso que amar? Es como si Jesús nos dijera que fuimos hechos para amar y que solamente en la plenitud del amor encuentra sentido nuestra vida. ¡Qué difícil hablar del amor! Es como debatir sobre la felicidad. Todos vamos a estar de acuerdo en que queremos ser felices, pero ¿estaremos todos de acuerdo si nos preguntamos adónde o en quién o en qué buscamos esa felicidad? Pienso que de manera semejante no habrá dudas en decir que amar y ser amado es lo mejor de la vida, pero ¿estamos igualmente seguros sobre lo que significa amar? Me permito dos reflexiones mínimas al respect...

DIOS Y EL CESAR

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Justo en este Domingo electoral el Evangelio nos recuerda la genial respuesta de Jesús a la trampa que intentaron tenderle los fariseos: “Del al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios”. Estas palabras de Jesús son uno de los fundamentos de lo que suele llamarse la “Doctrina Social de la Iglesia”, es decir, la iluminación de las realidades sociales, políticas, culturales y económicas con la luz del Evangelio. Con esta palabras Jesús reconoce una cierta autonomía del poder político representando en el “César” (el emperador romano de aquel entonces) y como es deber de los cristianos reconocer esa autoridad y “darle lo suyo”. Por otra parte, “dar a cada uno lo suyo” es la definición clásica de la justicia. Estas palabras de Jesús en este Domingo tan decisivo me parecen una buena oportunidad para recordar algo que enseña la Iglesia como parte de esta “Doctrina Social”, y es el siguiente párrafo del Catecismo de la Iglesia Católica (n. 2425): La Iglesia ha rechazado las ideolog...

¿MUCHOS O POCOS?

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  Este Domingo nos encontramos con una parábola peliaguda. Por un lado se nos presenta una perspectiva hermosa: un banquete ricamente preparado por un rey para festejar las bodas de su hijo, banquete al cual este rey invita con gran generosidad a sus conocidos, rey que insiste en la invitación cuando sus mensajeros son ninguneados por los invitados. Pero los invitados terminaron ignorando la invitación. Y quedaron excluidos del banquete de manera irremediable al punto tal que los ejércitos del rey arrasaron sus ciudades. De todas maneras el rey se obstinó en festejar el casamiento de su hijo, y vuelve a invitar ahora a otra clase de personas: y la sala de fiestas se llenó de invitados. Pero… uno de los invitados no tenía traje de fiesta y al verlo así el rey mandó arrojarlo atado de pies y manos a las tinieblas exteriores. ¡Qué raro este rey! Por un lado tan bueno y generoso para invitar al casamiento de su hijo, y al mismo tiempo tan severo con quienes ignoran la invitación o con ...

LA VIÑA

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  Por tercer Domingo consecutivo recordamos una parábola de Jesús en la cuál el Señor nos habla de una viña. Podemos pensar dos cosas: que Jesús tenía muchas viñas a su alrededor cuando enseñaba al pueblo, o también que a nuestro Salvador le gusta comparar su Reino con una viña, una viña mimada. ¿Vimos alguna vez esas bellas y cuidadas viñas de la zona cordillerana de nuestra Patria con álamos y montañas de nieve eterna como telón de fondo? Más hermosa es la viña del Señor. En la primera lectura de este Domingo, de la profecía de Isaías, encontramos lo que algunos llaman el “cántico de la viña”. Es un canto de amor y dolor al mismo tiempo. Cariño y tristeza que se encuentran en esta pregunta que hace Dios por boca del profeta: “ ¿Qué más se podía hacer por mi viña que yo no lo haya hecho? ”. Por el gran amor con que ama a su viña, su Reino, su Iglesia, Jesús la cuidó y le dió todo lo necesario para que sea hermosa y fructífera. Sin embargo, “ Si esperaba que diera uvas, ¿por qué di...