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CRISTO MÉDICO

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  En esta pequeña catequesis que compartimos en nuestro encuentro del 27 de cada mes hoy queremos recordar que Jesús vino a este mundo como médico de los cuerpos y de las almas. Así lo recordaba el Apóstol San Pedro en su predicación: “ Dios ungió a Jesús de Nazaret con el Espíritu Santo, llenándolo de poder. El pasó haciendo el bien y curando a todos los que habían caído en poder del demonio, porque Dios estaba con él ” (Hechos de los Apóstoles, 10,37-38). Repasemos algunas cosas sobre el misterio de Cristo-médico así como lo leemos en el Catecismo de la Iglesia Católica (nn. 1503-1505). *** La compasión de Cristo hacia los enfermos y sus numerosas curaciones de dolientes de toda clase son un signo maravilloso de que “ Dios ha visitado a su pueblo” (Lucas 7,16) y de que el Reino de Dios está muy cerca: Jesús recorría toda la Galilea, enseñando en las sinagogas, proclamando la Buena Noticia del reino y curando todas las enfermedades y dolencias de la gente. Su fama se extendió por...

UNA VID

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  “ Yo soy la vid, ustedes los sarmientos ” nos dice Jesús este Domingo. Es como si nos dijera: yo soy el tronco, ustedes las ramas. Es muy probable que Jesús dijera estas palabras recordando los viñedos de su Galilea. Es una imagen simple y poderosa al mismo tiempo con la cual nuestro Maestro nos enseña verdades absolutamente necesarias para nuestra vida cristiana. La rama tiene que estar unida al tronco para estar viva. Separada del tronco podrá conservar una apariencia de vitalidad, pero solo por un poco de tiempo. Así nuestra vida y nuestra fecundidad como cristianos dependen de nuestra unión con Jesús que nos dice: “ separados de mí, nada pueden hacer ”. Esta unión entre la vid y los sarmientos es esencialmente interior. A veces nos encontramos con ramas que aparentan estar unidas al tronco pero que se van secando. Les falta la conexión vital que une realmente el tronco con las ramas, les falta esa savia invisible que lleva la vida. Nuestro Señor lo dice con estas palabras: “ ...

PROMESAS

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  La Palabra de Dios está llena de promesas de Dios. Ya en el Antiguo Testamento las encontramos, como en el pasaje de de Jeremías de este Domingo. ¿Qué promete Dios por el profeta? “ Llegarán los días -oráculo del Señor- en que estableceré una nueva Alianza con la casa de Israel y la casa de Judá ”. El Señor promete una “nueva Alianza” con su pueblo. ¿Qué es una Alianza? No es solamente un contrato, no es solamente un acuerdo de asistencia o una sociedad. Es un pacto, un pacto de “comunión” que muchas veces la Palabra de Dios compara con el matrimonio entre un varón y una mujer. ¿Será por esto que a los anillos que llevan los esposos los solemos llamar “alianzas”? Y, ¿por qué esta Alianza es “nueva”?  Es nueva porque hubo otras anteriores. El profeta Jeremías menciona la Alianza entre Dios e Israel que tuvo lugar en el desierto en tiempos de Moisés. Pero antes de “pactar” con Moisés Dios ya lo había hecho con Abraham y también con Noé (el del arcoiris).  Esta Alianza tam...

MINI AYUNO

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  Seguimos transitando la Cuaresma, tiempo caracterizado por la invitación a ayunar.  No quiero entrar ahora en la discusión acerca del sentido del ayuno. Solo me limito a decir esto: que nuestras privaciones voluntarias no sean tan “espirituales” que no toquen el cuerpo; ni tan “corporales” que no toquen el alma.  Quisiera llamar nuestra atención sobre un pequeño, mini, ayuno que me parece percibir que está muy olvidado por los fieles y también por nosotros sacerdotes. Me refiero al “ayuno eucarístico”.  El “ayuno eucarístico” no es "privarse de la Eucaristía", es decir, no significa dejar de comulgar. El “ayuno eucaristíco” implica privarse de bebidas y alimentos al menos desde una hora antes de recibir la Comunión.  En el Catecismo de la Iglesia Católica (n. 1387) leemos: Para prepararse convenientemente a recibir la Eucaristía, los fieles deben observar el ayuno prescrito por la Iglesia (cf CIC can. 919). Por la actitud corporal (gestos, vestido) se manifie...

ANTIPÁTICA CUARESMA

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  La Cuaresma tiene algo de antipático. La Cuaresma nos dice que tenemos que cambiar. Y, con una mano en el corazón, ¿a quién de nosotros nos resulta simpático que nos digan que nos estamos equivocando, aun cuando sea verdad? El fuerte llamado a la conversión de estas semanas de Cuaresma nos recuerda que algo tiene que cambiar en mi. Es imposible que esté haciendo todo bien, o que esté haciendo todo el bien que yo puedo con la ayuda de Dios. ¡Ojalá termináramos la Cuaresma distintos a cómo la empezamos, al menos en algo! ¡Cuánto creceriámos Cuaresma tras Cuaresma si consiguiéramos modificar una cosa, una sola, cada año! En una Catequesis del año 1977 el Papa Pablo VI decía que la conversión es “ cambiar de camino, invertir la dirección, volver hacia atrás ”. Convertirse implica el coraje de admitir que hemos tomado un camino equivocado, un camino que no nos conduce a la meta. ¿Cuál es la meta? ¡La Vida Eterna! ¿Cómo se avanza hacia esa meta? ¡Amando! Amando a Dios sobre todas las c...

OPORTUNIDAD

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Comenzamos la Cuaresma. Dios nos regala una oportunidad para arrepentirnos de nuestros pecados: de los pecados que cometimos por acción o por omisión, por negligencia; también, como dice San Agustín, de aquellos pecados que por nuestra maldad cometimos y de aquellos que no cometimos porque la providencia de Dios nos preservó. ¿Qué es este arrepentimiento? Es el sentimiento de un “ corazón desgarrado ” como dice el profeta Joel (2,12-18). Es la tristeza por haber pecado. Pero es una tristeza muy particular. Es búsqueda y es don de Dios. No es como la tristeza del mundo, que lleva a la desesperación, a la angustia y a la depresión. Es un don que Dios infunde en el corazón y nos impulsa a arrojarnos en los brazos misericordiosos de nuestro Padre Celestial. Así lo escribía San Pablo en su segunda carta a los Corintios (7,9-10): “ Ahora me regocijo, no porque ustedes se hayan puesto tristes, sino porque esa tristeza fue motivo de arrepentimiento. Ustedes, en efecto, han experimentado la tri...

EN VELA

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  Descansar. A esta altura del año, ¿quién de nosotros no quisiera descansar, aunque sea un poquito? Sin embargo, al empezar este hermoso tiempo del Adviento, la Palabra de Dios nos exhorta a exactamente lo contrario: “ permanezca en vela ” nos dice Jesús en el Evangelio. ¿Qué significa “estar en vela”? Estar en vela, con las lámparas encendidas, con las luces encendidas, significa estar despierto. No solo despierto sin dormir, más aún despierto y atento, atento y expectante. Despierto como esa madre o ese padre que espera el regreso de un hijo o una hija durante la noche.  “Estar en vela” de esta manera resume el significado de la esperanza cristiana. La esperanza del cristiano no es una simple espera pasiva, como uno que espera que llegue un tren o un colectivo. Tampoco es pensamiento ingenuo de que “va a estar todo bien”. La esperanza cristiana es sobretodo un deseo: el deseo de estar con Jesús. San Pablo, con su vehemencia característica, expresaba este deseo con las sigui...