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UNO Y TRES

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  Hoy celebramos y contemplamos el misterio de la Santísima Trinidad, “misterio fontal” de nuestra fe, fuente de la cual brotan todos los otros misterios que creemos. Nada hay que se le parezca. Solo en el ser humano hay una “imagen y semejanza” de la Trinidad, que por hermosa no deja de ser lejana, lejanísima. Todos los misterios son inefables, nunca será suficiente el lenguaje humano para expresarlos adecuadamente, y el misterio de la Trinidad es más inefable todavía. Es muy importante para nosotros expresarnos con cuidado acerca de este misterio teniendo en cuenta como la Iglesia ha elaborado a lo largo de los siglos su modo de expresarse con respecto al Dios Uno y Trino. La Liturgia de la Iglesia es una de nuestras referencias para profundizar en la fe. En su Liturgia la Iglesia expresa la Tradición Apostólica, y por ende la fe que recibimos de los Apóstoles. De ahí el clásico principio teológico: “la ley de lo que se reza es la ley de lo que se cree” (“lex orandi, lex creden...

NO BABEL

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  El libro de los Hechos de los Apóstoles nos recuerda cómo fue aquella efusión del Espíritu Santo en la ciudad de Jerusalén sobre los primeros discípulos de Jesús, efusión que imprimió a la comunidad cristiana, a la Iglesia, un impulso evangelizador que no se ha apagado y sigue encendido hasta nuestros días. Una de las peculiaridades de aquel primer Pentecostés fue que después de recibir el Espíritu Santo, que se manifestó como viento y como fuego, los Apóstoles salieron a anunciar con coraje la Buena Noticia a la gente reunida en Jerusalén para la ocasión, muchedumbre formada por personas que provenían de diversos lugar y que hablaban cada uno su propia lengua. Sin embargo, al escuchar a los Apóstoles “ con gran admiración y estupor decían:  «¿Acaso estos hombres que hablan no son todos galileos? ¿Cómo es que cada uno de nosotros los oye en su propia lengua? Todos los oímos proclamar en nuestras lenguas las maravillas de Dios» ”. En el Antiguo Testamento (Génesis 11, 1-9) en...

ANUNCIAR

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  Este Domingo celebramos la Ascensión de Jesús al Cielo. Recordamos las últimas últimas palabras del Señor a sus discípulos antes de que se elevara y la nube lo ocultara de su vista. Estas palabras de Jesús revisten una importancia muy especial no solo porque fue la última vez que se escuchó la voz del Redentor sobre la tierra, sino también porque en estas palabras hay una misión para sus discípulos. No se trata de una misión cualquiera sino de LA misión que define a la Iglesia como comunidad de creyentes en Jesús, testigos del Resucitado. Son palabras que nos dicen para qué existe la Iglesia. ¿Cuáles son estas palabras? “ Vayan por todo el mundo, anuncien la Buena Noticia a toda la creación ”. ¿Para qué existe la Iglesia? ¿Cuál es su razón de ser en este mundo? ¡Ir y anunciar! ¿Anunciar qué? ¡La Buena Noticia! ¿Cuál es esa “buena noticia”? Hoy leemos el final del Evangelio de San Marcos. En la primer frase de este Evangelio encontramos respuesta a esta última pregunta: “ Comienzo...

¿AMIGOS?

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“ Ya no los llamo servidores… Yo los llamo amigos ” les dijo Jesús a sus discípulos durante la Última Cena y ¡como debe haberse estremecido el corazón de los que allí estaban! “ Ustedes son mis amigos ”... También a nosotros van dirigidas estas palabras, y también nuestro espíritu debería temblar al escuchar al Hijo de Dios llamarnos ¡amigos! ¿Que diferencia hay entre un servidor y un amigo? Aclaremos que acá Jesús usa el término “servidor”, entendido más bien como “siervo” o “esclavo”. ¿Qué diferencia hay, entonces, entre un servidor y un amigo? Hay una diferencia abismal, como grande es el abismo entre la esclavitud y la libertad, entre el temor y el amor. El mismo Juan que escuchó personalmente estas palabras del Maestro, en una de sus cartas escribiría después: “ En el amor no hay lugar para el temor: al contrario, el amor perfecto elimina el temor, porque el temor supone un castigo, y el que teme no ha llegado a la plenitud del amor ” (1 Juan 4,18). Y Pablo nos recuerda: “ Es...

CRISTO MÉDICO

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  En esta pequeña catequesis que compartimos en nuestro encuentro del 27 de cada mes hoy queremos recordar que Jesús vino a este mundo como médico de los cuerpos y de las almas. Así lo recordaba el Apóstol San Pedro en su predicación: “ Dios ungió a Jesús de Nazaret con el Espíritu Santo, llenándolo de poder. El pasó haciendo el bien y curando a todos los que habían caído en poder del demonio, porque Dios estaba con él ” (Hechos de los Apóstoles, 10,37-38). Repasemos algunas cosas sobre el misterio de Cristo-médico así como lo leemos en el Catecismo de la Iglesia Católica (nn. 1503-1505). *** La compasión de Cristo hacia los enfermos y sus numerosas curaciones de dolientes de toda clase son un signo maravilloso de que “ Dios ha visitado a su pueblo” (Lucas 7,16) y de que el Reino de Dios está muy cerca: Jesús recorría toda la Galilea, enseñando en las sinagogas, proclamando la Buena Noticia del reino y curando todas las enfermedades y dolencias de la gente. Su fama se extendió por...

UNA VID

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  “ Yo soy la vid, ustedes los sarmientos ” nos dice Jesús este Domingo. Es como si nos dijera: yo soy el tronco, ustedes las ramas. Es muy probable que Jesús dijera estas palabras recordando los viñedos de su Galilea. Es una imagen simple y poderosa al mismo tiempo con la cual nuestro Maestro nos enseña verdades absolutamente necesarias para nuestra vida cristiana. La rama tiene que estar unida al tronco para estar viva. Separada del tronco podrá conservar una apariencia de vitalidad, pero solo por un poco de tiempo. Así nuestra vida y nuestra fecundidad como cristianos dependen de nuestra unión con Jesús que nos dice: “ separados de mí, nada pueden hacer ”. Esta unión entre la vid y los sarmientos es esencialmente interior. A veces nos encontramos con ramas que aparentan estar unidas al tronco pero que se van secando. Les falta la conexión vital que une realmente el tronco con las ramas, les falta esa savia invisible que lleva la vida. Nuestro Señor lo dice con estas palabras: “ ...

PROMESAS

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  La Palabra de Dios está llena de promesas de Dios. Ya en el Antiguo Testamento las encontramos, como en el pasaje de de Jeremías de este Domingo. ¿Qué promete Dios por el profeta? “ Llegarán los días -oráculo del Señor- en que estableceré una nueva Alianza con la casa de Israel y la casa de Judá ”. El Señor promete una “nueva Alianza” con su pueblo. ¿Qué es una Alianza? No es solamente un contrato, no es solamente un acuerdo de asistencia o una sociedad. Es un pacto, un pacto de “comunión” que muchas veces la Palabra de Dios compara con el matrimonio entre un varón y una mujer. ¿Será por esto que a los anillos que llevan los esposos los solemos llamar “alianzas”? Y, ¿por qué esta Alianza es “nueva”?  Es nueva porque hubo otras anteriores. El profeta Jeremías menciona la Alianza entre Dios e Israel que tuvo lugar en el desierto en tiempos de Moisés. Pero antes de “pactar” con Moisés Dios ya lo había hecho con Abraham y también con Noé (el del arcoiris).  Esta Alianza tam...